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Madurar es perder algunas ilusiones para empezar a tener otras. Aunque al principio duela, debemos ser consientes de que nada es para siempre y que existen situaciones con las que soñamos que al final se nos escapan de las manos y no las podremos alcanzar; por eso es mejor aceptar con serenidad lo que no fue y apostar por nuevas metas, unas más altas, que nos permitan fortalecer nuestras capacidades encontrando así nuestro propósito de vida.