No es que yo sea mala persona, es que ya no aguanto nada en mi contra. Un buen día llegué a mi límite, dejé de soportar aquello que me lastimaba, me desgastaba o intentaba pasar sobre mi ser. Es cierto que guardé silencio, cedí demasiado y permití cosas que no merecía, pensando más en lo que pudiera estar pasando el otro que en mi propio bienestar; fui paciente porque pensé que era la mejor manera de mantener la tranquilidad. Poner límites no me hace cruel; ya me cansé de aceptar faltas de respeto, malas acciones e intenciones y todas esas situaciones que alteran mi paz por el simple hecho de evitar conflictos. Ya no quiero perderme intentando complacer a quienes nunca se ponen ni por un instante en mi lugar.
NO ES QUE YO SEA MALA PERSONA, ES QUE YA NO AGUANTO NADA EN MI CONTRA
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