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A nadie le importa si estás enfermo, arruinado o hambriento, pero intenta ser feliz y verás cuánto le molesta a la gente. Hay personas que se sienten cómodas con tus problemas porque así pueden señalarte, juzgarte o sentirse superiores; sin embargo, cuando comienzas a renacer, a sonreír nuevamente y a disfrutar tu vida, su actitud suele cambiar. Por eso no renuncies a ser tú ni a tu felicidad para que otros se sientan cómodos. Sana a tu ritmo, reconstrúyete y vuelve al camino, con el doble de fuerzas, sin pedir permiso ni aprobación para tener felicidad y tranquilidad.