Recuerda, no hay nada en este mundo que pueda lastimarte tanto como tus propios pensamientos. Muchas veces, el dolor no solo está en lo que nos sucede, sino en todo aquello que imaginamos, anticipamos o repetimos una y otra vez en nuestro pensamiento. No le des permiso a tus temores para hacerte sufrir por situaciones que quizás no ocurran. Procura no traer pensamientos que te roben la tranquilidad, contempla las cosas con la debida calma y háblate con la misma paciencia y comprensión que tendrías con alguien que quieres. Tu mente puede ser un lugar lleno de tensión, pero también puede convertirse en ese espacio donde encuentres tranquilidad, fortaleza y esperanza.