No me gusta pedir ayuda, pero nunca se me olvida quién me la ofrece. Muchas veces enfrento las situaciones difíciles por mi cuenta, busco el modo de salir adelante sin molestar a nadie y guardo silencio cuando las cosas se complican. Tal vez por orgullo o porque me acostumbré a no necesitar de nadie, pero cuando alguien percibe lo que me pasa y se acerca con sinceridad a ofrecerme ayuda, sin que tenga que pedirlo y sin esperar nada a cambio, ese gesto significa mucho para mí. Puede que no sepa cómo agradecerlo en su momento, pero lo guardo en el corazón; no me olvido de aquellos que estuvieron cuando más lo necesité, cuando mis fuerzas no eran suficientes ni para disimular el momento que pasaba y una mano amiga hizo que llevar la cara se sintiera más fácil.
NO ME GUSTA PEDIR AYUDA, PERO NUNCA SE ME OLVIDA QUIEN ME LA OFRECE
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