Madurar es saber que el amor no es para siempre, sino hasta donde sea sano. Es entender que amar no implica aferrase a cualquier costo, sino en reconocer cuando una relación nutre el alma y cuándo empieza a desgastarla. El tiempo nos enseña que el amor a pesar de que no puede ser color de rosa todo el tiempo, no duele de manera constante, no limita ni apaga, no devalúa ni lastima, sino que impulsa, enciente, alienta y cuida del otro. Y cuando deja de ser sano, cuando roba más de lo que aporta, cuando todo diálogo termina en conflicto, también es amor hacia uno mismo saber soltar, aceptando que no todo es para siempre, pero sí hasta donde sea digno, justo y saludable para ambos corazones.
202