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Para callar hace falta mucho talento. La habilidad de callar no sólo radica en silenciar nuestras palabras, sino en abrir la mente y el corazón hacia la contemplación y reflexión profunda. Saber contener las emociones y pensamientos impulsivos, para respetar y entender la posición de los demás. El silencio es un valioso aliado a la hora de la comprensión mutua, para que haya una diálogo y entendimiento más profundo con los demás y con nosotros mismos.