Ningún acto de bondad, por pequeño que sea, jamás se desperdicia. Un gesto amable, una palabra sincera o una ayuda inesperada pueden marcar la diferencia en la existencia de otro, incluso si raras veces llegamos a verlos. El mundo está lleno de personas enfrentando dificultades en silencio y un poco de empatía no viene mal, porque puede devolverles la esperanza, la calma o las fuerzas para continuar. La bondad se puede multiplicar, porque quien recibe comprensión y cariño suele compartirlo con otros, creando así un impacto mayor de lo que imaginamos. Por eso no subestimes el valor de hacer cualquier acción; así te parezca simple, puede permanecer en el corazón de alguien durante mucho tiempo.