A mí el dinero de una persona no me impresiona; lo que hace por mí, sí. Valoro mucho más los gestos sinceros, el tiempo que alguien me brinda, la lealtad en los momentos complicados y el que me tiendan la mano cuando realmente lo necesito. La grandeza de una persona no la mido por sus posesiones o solvencia económica, sino por la calidad de su corazón, la manera en que trata a los demás y el respeto con que construye sus relaciones. Deseo rodearme de quienes enriquecen mi vida con su presencia, con su honestidad y cariño, porque esos son los tesoros más hermosos que dejan huella y nunca pierden su valor.
A MÍ EL DINERO DE UNA PERSONA NO ME IMPRESIONA, LO QUE HACE POR MÍ SÍ
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