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He incluido a Dios en todo y en todo me va mejor, porque cuando lo pongo en el centro de mis decisiones, hasta lo más difícil se convierte en algo más llevadero. Con Él encuentro calma en medio de la tormenta, claridad cuando surgen dudas y la fortaleza cuando parece que ya no podré más. Confío absolutamente en su guía, porque sé que nadie más conoce lo que llevo en mis pensamientos y mi corazón.