El precio que pagamos por ignorar nuestra intuición es muy alto. Muchas veces la silenciamos para evitar conflictos, para encajar o simplemente porque creemos que la razón a menudo debe tener la última palabra. Sin embargo, esa coz existe y ella recoge señales, lee emociones y ve más allá de lo que nosotros podemos percibir a simple vista. Cuando decidimos no escucharla, terminamos en lugares en los que no encajamos y rodeados de gente que nos desgasta, aceptando situaciones que nos incomodan o caminos que no se sienten propios. El costo de desconectarnos de lo que realmente sentimos se refleja en arrepentimientos, cansancio emocional y una sensación de vacío. La intuición manifiesta de alguna manera su incomodidad; confiemos en ella y en su sensibilidad para evitarnos heridas innecesarias y así acercarnos a una vida más coherente y tranquila.
EL PRECIO QUE PAGAMOS POR IGNORAR NUESTRA INTUICIÓN ES MUY ALTO
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