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Es bonito que te aceleren el corazón, pero que te lo calmen es otro nivel. Porque no todo se trata de intensidad; también existe esa belleza inmensa en la tranquilidad que se construye entre dos, esa paz que no exige, no señala, no duele y no confunde. Es otro nivel saber que alguien se convierte en un refugio seguro, en ese lugar donde puedes soltar todo lo que te frena y simplemente ser. Acelerar los latidos puede ser emocionante, pero calmarlo, es sostenerlo y ahí es donde el cariño deja de ser solo un impulso y se transforma en algo firme, sereno y profundamente real.