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Imagínate coincidir con alguien que sí sabe lo que quiere, que no duda cuando se trata de elegirte y que no convierte lo simple en complicado. Alguien que no está entre el frío y el calor, que no desaparece cuando las cosas se vuelven reales y que tiene la claridad suficiente para construir en lugar de confundir. Imagina esa tranquilidad de no tener que descifrar señales, de no tener que cuestionarte constanmente si eres suficiente o si pides demasiado. Coincidir con alguien así no es cuestión de suerte, también tiene que ver en que momento te encuentras contigo.