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El amor que te define es el que das, no el que recibes. Se refleja en la manera en que tratas a las personas y a cada ser vivo, en tu capacidad de conservar la bondad incluso después de decepciones y en esos pequeños actos sinceros que nacen del corazón. Amar no implica olvidarte de ti, sino actuar con autenticidad y empatía, porque al final, tu esencia no se mide por cuántas veces te eligieron, sino en qué manera decidiste contemplar y amar el mundo y a cuántos te rodean.