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Ya no estoy en edad de perseguir personas ni amargarme la existencia, lo que Vale la pena se queda por su propia voluntad. He aprendido, a veces a golpes y otras con mucha calma, que lo que realmente vale la pena jamás se fuerza ni se obliga. Hoy elijo vivir con tranquilidad, rodeándome de quienes me suman y dejar que la vida misma depure lo que ya no vibra conmigo.