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Vete a dormir con la confianza puesta en que Dios te protege y bendice, porque incluso cuando no lo ves, incluso cuando tus pensamientos y tu vida se agitan, ahí está cuidando de ti. Descansa sabiendo que su fuerza divina trabaja en silencio, cuidando tus pasos, sanando lo que te duele y preparando las respuestas para tus oraciones; deja que esta noche tu corazón se tranquilice y tus temores se disuelvan, porque siempre tienes la compañía de Dios que te envuelve en su paz y te conduce a un nuevo y hermoso amanecer.