Uno se hace el fuerte, pero cuesta, cuesta mucho. Nos convencemos de que tenemos que ser fuertes, que no hay otra opción, que mostrarnos vulnerables es un lujo que no podemos permitirnos y ahí vamos sosteniéndonos como podemos. Pero es difícil levantarse cuando el alma pesa, cuando no se puede mantener la calma o el corazón está roto; esas ganas de rendirse, de soltar todo y desaparecer que invaden el pensamiento en cada momento. Uno se hace el fuerte, pero de vez en cuando debemos admitir que no podemos con todo, que está bien cansarse y abrazar esos instantes, sin dejar que nos consuman.
UNO SE HACE EL FUERTE, PERO CUESTA, CUESTA MUCHO
313