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Todas las desgracias de los hombres provienen de no hablar claro. Al no expresarnos de manera concisa podemos llevar a nuestro interlocutor a la confusión, entonces se debe procurar expresar clara y honestamente la manera en que pensamos y sentimos. Compartir nuestra percepción de manera que el otro entienda, evitará que se generen malos entendidos o asperezas que nos lleven a vivir relaciones toxicas y entornos amargos.