42
Sucede que un día te cansas de todo y ya no amenazas con irte y de verdad te vas, porque te agotas de justificar lo injustificable, de procurar entender a quien no lo permite, de quedarte donde ya no floreces. Ese día no hay lágrimas ni explicaciones, sólo un silencio que anuncia el final de una etapa. Has comprendido que tu tranquilidad vale más que cualquier compañía y te marchas, no por orgullo sino por amor a ti, porque aprendiste a no quedarte donde no paras de sufrir.