De la escases de afecto, se pasa a la abundancia de excusas. Las conversaciones se enfrían, el interés se diluye y lo espontaneo comienza a postergarse con pretextos. Ya no es cuestión de tiempo, sino de prioridad, todo comienza a perder fuerza y se reemplaza por explicaciones innecesarias y el echar mano de cualquier cosa para evitar hasta el contacto físico. Aparecen razones constantes que intentan justificar la falta de cercanía, pero el vacío se hace cada vez más evidente y con el tiempo queda claro que el afecto que había se ha desvanecido, el deseo se ha ido a otros lugar y cuando el poco cariño desaparece, ninguna explicación logra llenar su ausencia.
DE LA ESCASES DE AFECTO, SE PASA A LA ABUNDANCIA DE EXCUSAS
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