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Gracias por herirme, me hiciste más fuerte. Gracias por mentirme, me hiciste más inteligente. Cada decepción me enseñó a levantarme, a cuidarme más de mí y a entender que algunas experiencias desafiantes ayudan a crecer y valorarme más. Tus mentiras me llevaron a confiar más en las acciones que en las palabras; con el tiempo aprendí que no todo el mundo llega con las mejores intenciones, pero incluso esa experiencia negativa me dejó una enseñanza. Hoy soy más resiliente, más consciente y tengo mayor cuidado con lo que permito en mi vida.