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Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las persona, porque la admiración puede nacer de un brillo momentáneo de lo que se observa desde fuera o de una imagen que a veces idealizan sin conocernos realmente. En cambio, el respeto se gana con coherencia, con actos, con nuestro trato hacia los demás y con la manera que sostenemos nuestra esencia y valores incluso si nadie está mirando. La admiración puede variar con el tiempo, pero el respeto permanece porque no se construye sobre apariencias sino sobre la realidad de lo que eres.