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Si para el amor no hay edad, para agradecer a Dios no hay horarios ni días especiales. Cada instante es una excelente oportunidad para reconocer su bondad, valorar las bendiciones recibidas y dar gracias por la vida que nos concedió. No esperemos a que todo vaya mal para hablar con Él, no esperemos el momento perfecto para agradecer. No convirtamos en costumbre su protección; Dios nos da su amor infinito sin ninguna condición, entonces no olvidemos detenernos un momento para decir: gracias, Dios, por cuidarnos y regalarnos una nueva oportunidad cada día.