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Si cada amanecer es un regalo de Dios, entonces comparto mi regalo contigo. Porque cada nuevo día es una muestra de su amor, una oportunidad de empezar de nuevo y un recordatorio de que siempre hay una luz después de los momentos de oscuridad. Y así como Dios nos entrega ese obsequio, yo deseo extender una parte de esa claridad para que ilumine tu camino. Que este nuevo día te llene de paz, renueve tus fuerzas y haga que sientas la presencia de Dios en las horas por venir; hoy dejo en tus manos este pedacito de luz divina para que acompañe tus pasos y tus pensamientos.