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Cuida y valora con mucho amor lo que Dios te ha dado. No des por sentado lo que se te ha otorgado; en lo cotidiano se esconden muchas bendiciones. Tu vida, tus capacidades y las personas que te rodean merecen reconocimiento, gratitud y respeto. Honra lo recibido con acciones que lo protejan y magnifiquen; aprecia lo que tienes para que seas más consciente de lo que tienes, lo que logras y lo que estás construyendo gracias a tu esfuerzo y a la gran misericordia de Dios.