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Sentí que me evitabas y fue por eso que dejé de escribirte. No fue por orgullo, ni por falta de interés, fue por lo que percibí, porque cuando alguien se aleja, uno también debe aprender a soltar. No quería invadir, ni forzar algo que ya no era recíproco, me gustan las cosas claras y tu silencio fue más fuerte que cualquier palabra. Y aunque me costó mucho, finalmente entendí que quien quiere estar busca la manera y no excusas. Así fue como por amor propio elegí apartarme, aunque por dentro me doliera.