Sanar también es aprender que no todo lo bueno viene a lastimarte. Que no todo lo que llega con luz trae escondida una sombra, es permitirte mirar de nuevo, bajar el estado de alerta, comprendiendo que no todo lo que se acerca a ti, tiene intención de atacarte y que hay personas, momentos y oportunidades que simplemente quieren sumar a tu vida. Es un proceso lento que no se da de la noche a la mañana, pero que si lo intentas poco a poco el corazón dejará de reaccionar desde el miedo y empezará a reconocer lo tranquilo, lo que no exige ni duele para quedarse. Sanar es darse la oportunidad de confiar nuevamente, no desde la ingenuidad, sino desde una versión más sabia.