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Sanar no es llegar a la perfección, es abrazar con amor todas las piezas rotas de tu historia. Sanar es un acto de amor profundo hacia uno mismo, es mirar de frente tus heridas, reconocer lo que viviste y abrazar cada una de las piezas rotas de tu historia. Es entender que cada cicatriz tiene algo para enseñarte y que no tienes menos valor por los malos tiempos que viviste y que por el contrario, eres más fuerte, más humano y más consciente que antes; así que aprende a vivir en paz contigo, sin culpas y con la tranquilidad de haber aprendido.