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No fui yo quien te escogió, fue quien te hizo para mí. Porque hay encuentros que parecen casualidad, pero llegan en el momento oportuno, como si todo hubiera estado preparado para que dos caminos finalmente se cruzaran. Quizás no todo ha sido perfecto, pero desde que te vi supe que eras especial. Por eso, más que pensar que nos encontramos, prefiero creer que Dios permitió que nuestros caminos coincidieran. Espero que tengamos la sabiduría, la paciencia y el amor para cuidar de tan encantadora relación.