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Gracias Dios, por lo que sí y por lo que no también. Porque entiendo que no todo lo que deseo es necesariamente lo que necesito. Gracias por esas puertas que abriste para mí y también por aquellas que cerraste para protegerme de destinos que no eran para mí. No tengo más que palabras de agradecimiento por guiarme, protegerme y alentarme a seguir cada día, por cada una de las experiencias que he vivido y que han dejado en mí grandes aprendizajes. Ahora sé y cada día comprendo más que lo que no salió como esperaba me estaba guiando hacia algo mejor.