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Hablar con Dios será una curita para el corazón. Puedes contarle tus tristezas, tus preocupaciones, esos formidables miedos que te rodean y hasta aquello que no te atreves a decirle a nadie. No es necesario que le hables con palabras rebuscadas; simplemente habla desde el corazón. Nadie te conoce mejor y te entenderá del modo en que decidas comunicarte. Cuando sientas que todo te pesa, habla con Dios; Él conoce tus heridas y sabe exactamente dónde necesitas un poco de consuelo.