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No dejes que la tristeza te lleve a abrir puertas que alguna vez cerraste conscientemente. A veces la mente nos engaña haciéndonos creer que aquello que dejamos atrás puede ser un refugio, cuando en realidad fue una cárcel emocional de la que supimos liberarnos. Entonces ten presente que cuando cerraste esa puerta lo hiciste por tu amor propio, por tu dignidad y lo hiciste con valentía. Confía en la decisión que tomaste, honra tu crecimiento y no dejes que un momento de soledad te haga retroceder y volver a sentirte mal.