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Me volví fan del cielo desde que te fuiste, porque te encuentro en cada amanecer y en cada atardecer, te siento cerca al contemplar esa hermosura que presencio; en ese milagro miro las nubes como si fueran cartas que me envías y en las estrellas busco la luz de tu sonrisa, esa que nunca se apaga. Después de tu partida, aprendí a levantar la vista para no dejar apagar mi alma, te imagino en calma, feliz, radiante y con buena salud dónde sea que te halles.