Me levantaste del suelo, cuidaste mis heridas y cuando ya habían sanado, volviste a hacerme pedazos. Recogiste mis fragmentos con paciencia y te quedaste a mi lado mientas aprendí a sostenerme de nuevo; fuiste abrigo en los días fríos y un gran alivio cuando no podía respirar y creí que en tus manos el daño había terminado, pero todo volvió de golpe. No fue una caída repentina, fue un derrumbe lento, consiente como si supieras exactamente dónde volver a romperme. Y aún así de entre los restos, queda la certeza de que no deseo necesitar a nadie nuevamente para volver a estar en pie.
ME LEVANTASTE DEL SUELO, CUIDASTE MIS HERIDAS Y CUANDO YA HABÍAN SANADO, VOLVISTE A HACERME PEDAZOS
94