Madurar me enseñó que hay personas que no son malas, pero no son una sana compañía. A veces no existe una discusión, una traición o una razón evidente que indique alejarse; simplemente descubres que después de compartir con alguien sientes un agotamiento extraño, confusión o te alejas de la tranquilidad que necesitas y eso me llevó a entender que querer a una persona no significa tener que mantenerla cerca y reconocí que una relación que ya no hace bien no convierte a nadie en enemigo. Cada quien tiene su manera de ver y vivir la vida, de pensar y relacionarse, así como yo también el derecho de elegir en qué espacios deseo estar y con qué personas me quiero relacionar.
MADURAR ME ENSEÑÓ QUE HAY PERSONAS QUE NO SON MALAS, PERO NO SON UNA SANA COMPAÑÍA
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