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Los buenos corazones no molestamos. Simplemente desaparecemos con el mismo amor que llegamos. Porque cuando se da desde el alma, no hay espacio para el rencor; los buenos corazones saben cuando su presencia ya no es bienvenida, cuándo el silencio habla más fuerte que las palabras y cuándo el amor por más sincero que sea deja de tener lugar. Nos marchamos sin dejar heridas, sin drama, sin reclamos, sin culpas, con la tranquilidad de quien amó sinceramente. Y aunque duela, seguimos adelante sabiendo que dimos lo mejor y que no faltó cariño ni entrega.