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Le tengo más miedo a una mala compañía que a la soledad, porque la soledad puede ser un espacio de aprendizaje, de silencio y de reconstrucción, mientras que una mala compañía desgasta, confunde, drena energía y apaga poco a poco. La soledad enseña, fortalece y nos ayuda a reencontrarnos con lo que realmente somos. En cambio, estar rodeado de personas que no suman puede crear dudas, limitar sueños y alejarnos de quienes somos, haciéndonos perder la tranquilidad. Así que prefiero estar en soledad antes que estar en relaciones que me resten, hieran o frenen mi evolución.