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La vida pone todo en su lugar. A cada rey en su trono y a cada payaso en su circo. Cada persona, cada acción y cada palabra terminan encontrando su sitio; la vida es justa y a cada quien lo pone donde merece estar, porque la integridad termina brillando por si sola y a quien juega a manipular o actúa desde la falsedad, inevitablemente lo lleva a vivir las consecuencias de su propio espectáculo. No es un castigo, ni venganza es equilibrio y justicia natural. Confía en el proceso, la verdad con el tiempo se acomoda en el lugar exacto.