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La gente teme al silencio porque con el empiezan a escuchar lo que grita su interior. En el silencio no hay distracciones ni mascaras que puedan tapar lo que sentimos, es en ese espacio donde aparecen los pensamientos que muchas veces evitamos, recuerdos que duelen y las verdades que no deseamos enfrentar. El silencio nos enfrenta a nosotros mismos y eso puede ser más ruidoso que cualquier palabra, pero también es en ese mismo silencio donde nace la claridad, donde podemos comprender lo que necesitamos y encontramos el valor para sanar.