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Habla con Dios para que tu corazón florezca y se llene de paz, cuéntale sobre tus dudas, tus alegrías, tus ideas y silencios, ten una conversación abierta y tranquila para que veas como tu alma comienza a tener alivio y allí donde antes había inquietud comienza a habitar la calma y el cansancio desaparece para dar paso a la fortaleza. Dios sabe dar, te cuida y te guía desde siempre, así que háblale.