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Gracias por tus acciones, me estaba confundiendo con tus palabras. Tus promesas sonaban muy bonitas, pero el tiempo tuvo la habilidad de demostrar lo que tantos discursos intentaban ocultar. Tus gestos, tus silencios y tus ausencias hablaron más claro que cualquier palabra que hayas pronunciado y todo me llevó a entender que no tenías intenciones de cumplir lo dicho. Entonces hoy te doy las gracias porque sin querer me enseñaste que a atender menos lo que me dicen y más lo que me demuestran.