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Gracias Dios por sostenerme sobre todo en esos días donde la vida me puede. Cuando mis fuerzas disminuyen y el camino se vuelve incierto, tu presencia me recuerda que no transito en soledad en este mundo y me brindas fortaleza para salir adelante. Aun en medio de las dificultades, encuentro consuelo en saber que tu compañía trae calma y esperanza a mi corazón. Gracias, por tanto gracias por estar siempre dándome la fortaleza que requiero y por recordarme que, incluso en los momentos más difíciles, tú estás conmigo.