Finalmente, como acto de amor propio, voy a vivir sin culparme por sentir mucho. Dejé de pensar que mi sensibilidad era un defecto o una carga que debía esconder para encajar en este mundo. Ya no pediré permiso para demostrar mi afecto, no pediré perdón por tener un corazón que se conmueve, se ilusiona y que también se rompe. Aprenderé a cuidar de mí sin apagar lo que soy, pondré límites cuando sea necesario, sin renunciar a mi esencia. El problema nunca fue sentir mucho, sino permitir que otros me hicieran creer que no debía expresar mis emociones. Hoy elijo aceptarme, abrazar mi manera de transitar por la vida.
FINALMENTE, COMO ACTO DE AMOR PROPIO, VOY A VIVIR SIN CULPARME POR SENTIR MUCHO
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