Desde que no volví a dejarme pisotear, me volví una persona muy difícil para los demás. Empecé a poner límites, a decir no cuando algo me incomoda y a priorizar mi paz por encima de las expectativas ajenas. Y cuando te vuelves fiel a ti, para muchos te conviertes en una persona “complicada”, porque ya no complaces, no te dejas de callar y dejas de aceptar imposiciones e injusticias. Sin embargo, en ese proceso entendí algo profundo, no es que yo haya cambiado para peor, es que ahora soy alguien que se respeta, que se defiende y que ya no negocia su dignidad. Y esa fortaleza, aunque incomode a otros, es la mayor prueba de mi propio crecimiento.
DESDE QUE NO VOLVÍ A DEJARME PISOTEAR, ME VOLVÍ UNA PERSONA MUY DIFÍCIL PARA LOS DEMÁS
13