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Al que te aleja con su actitud, hazle caso. No siempre las personas se van con palabras, muchas veces lo hacen con gestos, silencios o indiferencia; cuando alguien cambia su trato y su presencia comienza a doler, no es una exageración, es una señal clara. Si el diálogo desaparece y el tratar de expresar lo que sientes resulta inútil, es mejor que te alejes. Quien quiere estar, cuida; quien hiere confunde y marca una distancia, entonces no queda más que marcharse para proteger tu paz y el valor que tienes.