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Ahora sólo hay melancolía absoluta. No deseo nada. Dormir. Solamente dormir. Y soñar. Soñar que me quieren. Nada me entusiasma, nada me emociona y siento que algo en mí se apaga, no deseo más que cerrar los ojos y desconectarme de todo para refugiarme en los sueños donde todavía puedo vivir con la ilusión de un instante en el que alguien me acaricie y me quiera sin prisa, sin condiciones y con la sinceridad que en la realidad difícilmente se puede hallar.