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Quien está enfocado en construir su camino, no necesita descalificar a otros, porque entiende que el tiempo y la energía son recursos demasiado valiosos como para desperdiciarlos indicando errores ajenos. Cuando se tiene claridad sobre lo que se quiere, la atención se dirige al crecimiento constante, a la disciplina; no hay espacio para competir desde la envidia ni para minimizar los esfuerzos de otros, porque sabes que cada proceso es distinto. Mientras algunos buscan destacar apagando luces ajenas, quien se compromete con su propósito se concentra en fortalecer la propia.