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También hay que aprender a agradecer lo que el viento nunca más traerá de vuelta. Porque incluso aquello que ya no está, dejó su huella; fueron personas, momentos, lugares o sentimientos que se desvanecieron con el tiempo, pero en algun momento formaron parte de nuestra historia y nos transformaron. Agradecer por lo perdido es una forma de reconocer que no todo está hecho para quedarse, pero sí para enseñarnos.