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Suelta el dolor y el enojo; mejor llénate de alegría. No porque lo vivido carezca de importancia, sino porque no vale la pena tener en el corazón algo que te desgaste y te detenga. Permítete sanar sin prisa, perdonar y mirar hacia adelante, rodearte de personas que te sumen; dirígete hacia un lugar donde puedas estar en paz. La vida no es perfecta, pero procura entregar tu energía a otras cosas; ya lo hecho, hecho está y no se puede cambiar. Vive con el corazón liviano y suelta lo que tanto lo puede dañar.