Ocúpate en ser justo, no en parecerlo. La verdadera integridad no necesita aplausos ni estrategias para convencer a otros. Quien actúa con rectitud lo hace incluso cuando no es observado, porque entiende que el valor de sus acciones no depende de la opinión ajena, sino de la tranquilidad de su conciencia. Es sencillo construir una imagen impecable; lo difícil es sostenerla. Las apariencias pueden impresionar por un tiempo, pero tarde o temprano la verdad halla la manera de salir a la luz. Entonces procura que tus decisiones hablen por ti y que tus convicciones sean más fuertes que el deseo de agradar. Al final, las personas podrán olvidar la imagen que proyectabas, incluso lo que dijiste, pero nunca el impacto de la honestidad, la justicia y el respeto con los que elegiste vivir.
OCÚPATE EN SER JUSTO, NO EN PARECERLO
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